Viaje con nosotros: Mini Road Trip par la France.

En esta maison, queridos followers, lo de los viajes nos tiene comido el corazón, por dentro, por fuera, y por los adyacentes y subsiguientes. Si además podemos ir sobre cuatro ruedas,  mejor que mejor, porque cuando uno lleva a su heredero/a a cassette, como diría Mafalda, es todo mucho más sencillo: paras cuando las necesidades fisiológicas lo requieren, llegas hasta donde tu resistencia física y psicológica alcanza y disfrutas del camino y la compañía y de lo que viene siendo el viaje en sí. No es la première fois que nos ponemos en carretera con miles de kilómetros por delante ni será la última, porque la experiencia suele ser cada vez mejor que la anterior y vamos añadiendo a nuestra lista (ya saben ustedes que a esta madre, una lista, lo que más) de destinos favoritos del mundo mundial y del espacio sideral, incluidas galaxias vecinas como Andrómeda, nuevos lugares. Los defensores de la teoría de los antiguos astronautas están con nosotros y ellos, de galaxias y universos, tienen algo de idea.

 

Con la intención de visitar Futuroscope con la heredera, marcamos unos hitos en el mapa galo que resultaron ser un descubrimiento y merecen ser reseñados en este cuaderno de bitácora y desvaríos varios que es este blog.

  1. Primera parada: FUTUROSCOPE. Si tienen herederos con inquietudes y mundo interior, como Pocholo, este es su parque temático. Diversión, ciencia y bonitismo a partes iguales. Atracciones muy molonas, actividades didácticas y un toque de viaje al futuro que a la vástaga de mis entretelas le arrebató. En un día casi completamos el parque, nos faltaron un par de horitas más para poder hacer todas las actividades que ofrece, pero siempre es bueno dejar algo en el tintero para tener motivos para volver. Aunque, también se lo digo, si no los tuviéramos o tuviésemos, ya los buscaríamos. Les choses como son.
  2. Segunda parada: POITIERS. Si he de serles sincera, en el plan inicial este alto en el camino no existía, pero nos insistieron en la necesidad de visitar Notre Dame la Grande y menos mal que hicimos caso. La iglesia es una auténtica joya, tanto por fuera como por dentro (mención especial a la policromía de las columnas y bóvedas, yo no había visto cosa igual), y, a pesar de que apenas pasamos unas horas, vimos que la ciudad no se queda atrás. Tranquila, limpia, silenciosa y très très chic.
  3. Tercera parada: LA ROCHELLE. Animadísima y con mil planes disponibles para su disfrute personal y familiar: paseos en barco, deportes náuticos, una noria gigante, hasta un centro cultural de gestión colectiva con cine al aire libre en VOS, foodtrucks, noche de tango … La ciudad, si es más bonita, explota. Nuestros favoritos, sin duda, los Museos de Autómatas y Modelismo (con recreación de batalla naval incluida), de un coleccionista particular, que nos dejaron con la boca abierta. Y con ganas de tirar tabiques para montar un tren eléctrico con sus vías, sus pueblos, sus estaciones, sus montañas y toda la movida a tope.  Y callejeando, como solemos hacer, entre casas blancas con contraventanas de madera de colores, nos dimos de bruces con un pequeño museo sobre la II Guerra Mundial, montado bajo tierra en un búnker auténtico del ejército alemán. Impresionante. Toda la ciudad es una delicia, con las torres, el reloj, las plazas, el puerto viejo… y ojito, ojito con el edificio del Ayuntamiento. Muy pro. Eso son obras y no las de los gemelos de las reformas de la tele por cable.
  4. Cuarta parada: ÎLE DE RÉ. El paraíso total. Más de 100 km de carril bici permiten recorrer la isla sobre dos ruedas. Tranquilidad, silencio, muchos árboles y más encanto francés en los pueblecitos de la isla, burros con pelo largo y pantalones, salinas y viñedos, ostricultura y galletas de mantequilla, playas enormes  en pleno Atlántico con agua a temperatura razonable y muchos cangrejos ermitaños, moras gigantescas por todas partes. Somos fans. De póster en la pared y carpeta forrada con recortes de revistas.Processed with VSCO with a4 preset
  5. Quinta parada: BURDEOS. Después de haber pasado unos días en un oasis de calma y sumidos en un síndrome de Stendhal de proporciones bíblicas, aterrizar (conceptualmente hablando) en medio del caos y el follón de una gran ciudad resultó un tanto descorazonador, pero Burdeos es tan bonita que enseguida nos pellizcó el coeur. Y nos refrescó los pies frente al Palacio de la Bolsa después de pasear por la Rue Sainte – Catherine, la calle comercial más larga de Europa. No mercamos, pero descubrimos que sigue existiendo alguna tienda vintage de las que generan hiperventilaciones y paros cardiacos.

Miren, quizá no se me dé del todo fetén lo de las palabras, y dicen por ahí que una imagen vale mucho más que mil. Despilfarrar nunca, aunque sea a golpe de tecla, a ver si se han creído que una es el Bancospaña, así que espero que disfruten de las instantáneas y que éstas reflejen lo que los escritos no alcanzan a describir comme il faut. O sea, todo lo bien que la juntaletras que al pie rubrica querría. Y que les recuerden al verano. Mucho. Siempre. Porque los veranos son para soñar.

¡Feliz Jueves!

Mary Wilson

Viernes: Metafísica Infantil.

Al poner la mesa:

“- Mamá… he pensado que si no me puedo labrar un futuro (sic), seré camarera.”

No se confundan, queridos followers, es una alternativa a su plan. Porque para la heredera lo de labrarse un futuro pasa por vivir aventuras y/o convertirse en la reina de las gominolas. Literalmente, nada de sentidos figurados: con manto de armiño, cetro, corona y un ejército de ositos Haribo puestos a tope de helio. No sé ustedes, pero yo lo estoy visualizando y estoy bien ahí. De reina madre o algo.

¡Feliz Viernes!

Mary Wilson

Palabras para Julia: La Pauta.

Mr Wilde, en una de esas sentencias que han pasado a la posteridad, y que alguno puede confundir con un axioma de Paulo Coelho si no tiene muchas referencias literarias, decía que lo mejor es ser uno mismo porque los demás puestos ya están ocupados. Quizá en la época de Don Óscar eso fuera relativamente sencillo, porque las redes (no las del Señor, las mediáticas) no habían aparecido, y ni había influencers, ni egobloggers, ni tendencias, ni lo last de lo last, ni castañas en conserva. Por no haber, no había ni excusados en las casas, victorianas, eso sí, así que como para que hubiera de lo otro. Quizá cada uno en su lugar de origen o de destino podía mantenerse mucho más aislado y ajeno a lo que hacían los demás, o no quedaba más remedio, por imposibilidad física, material y/o mediopensionista, y la esencia de las cosas y de las personas permanecía más intacta. Quizá si hubieran sabido lo que venía después, lo hubieran preferido y hubieran echado horas retuiteándose unos a otros, contestando a haters y haciéndose selfies saliendo del Trinity College y a la puerta del pub titulados “de fiesta con mis lokis”. Habría sido todo más moderno, sí, pero al mismo tiempo igual de aburrido que darse una vuelta por cualquiera de las redes sociales de moda right now.

Y no es que esta que suscribe quiera volver al siglo XIX, que una es vintage, pero con moderación y sensatez, y pensar en una época sin lavadora y otros aperos de limpieza que han traído la civilización y el progreso, le produce hiperventilaciones y necesidad de inhalaciones de Agua del Carmen. No, no es eso. Es que últimamente sólo hay… lo mismo. El mismo discurso en el cine, en los libros, en las noticias. En los pies de foto, en las tiras de humor, en las canciones. Los mismos pantalones y los mismos vestidos en la Semana de la Moda, en la pasarela, en las cuentas de las trendsetters de turno. Los mismos muebles en las cafeterías de moda. Se ríen porque son jóvenes, que dirían Tachenko, pero la amenaza de los clones ha llegado y nos ha lavado el cerebro con el fin de reducirnos a todos a la misma imagen, pensamiento y emoción que nos enseña a través de cualquiera de las pantallas que conectamos. Esto a Don Óscar no le pasaba, las cosas como son. Porque en aquella época podían vestir igual, sí, todos de negro en plan mortífago, pero todavía la excitación de la individualidad, de crear, imaginar y pensar electrizaba las mentes y, aunque a Mr Wilde no le fue muy allá eso de ser uno mismo, estuvo vivo y fue libre, y escribió todo aquello que se le puso en la punta de su pluma. Estilográfica, obviamente.

Así que mis palabras, mi pequeña padawan de la existencia vintage y moderna, son para sobrevivir en esta niebla de lo política, social y culturalmente correcto, lo que sea en cada momento la postura oficial “del régimen.” No el de la báscula, el otro. Como dijo Juan Ramón, si te dan papel pautado, escribe por el otro lado. Menos con tu madre, nena, que es influencer. De la lorza y de la vida.

¡Feliz Miércoles!

Mary Wilson

Viernes: Metafísica Infantil.

La importancia de los tiempos:

“- Mamá, no me gustan las cajeras…

– ¿Las cajeras? ¿Por qué?

– Pues porque saben todo lo que compramos… Sería mejor cajeros automáticos que lean los códigos de barras… o algo de eso.

– Uy, pero toda esa gente se quedaría sin trabajo… Además, ¿tú te crees que la cajera se acuerda dentro de una semana de lo que acabas de comprar?

– No, dentro de una semana, no. Pero lo sabe AHORA.”

Respetos al máximo a todas las cajeras y cajeros de carne y hueso del mundo.  Y besis varios desde aquí. No se lo tomen como algo personal, es que la heredera debe ser un agente del MI6 en misión especial de alto riesgo y todas las precauciones son pocas.

¡Feliz Viernes!

Mary Wilson

Leo, leo… ¿qué lees? (September books)

A final del curso pasado, porque las madres, y sobre todo las que somos más viejas que el hilo negro, medimos el tiempo en cursos, inaugurábamos a petición del respetable sección lectora chez Mamá Vintage, donde les daríamos cuenta de todos aquellos libros que nos han comido el corazón y nos han procurado horas de disfrute personal y/o insomnio nocturno, cosas que pueden ir de la mano, como los vástagos al cruzar las calles del mundo.

Con el inicio de este año escolar y el “retonno”, como dirían nuestros idolatrados Martes y 13, a la actividad de esta su casa, queridos followers, les traemos nuevas recomendaciones, en el afán de que les proporcionen tantas satisfacciones como han dejado en los ánimos de la heredera y ésta que suscribe (y que lo es).

PARA MADRES (Y PADRES!) VINTAGE:

NOTAS DE COCINA DE LEONARDO DA VINCI, de Jonathan Routh (Temas de Hoy).

Desternillante recopilación de los inventos y aventuras en las cocinas y mesas de la época de este hombre del Renacimiento.

Les gustará: si les gusta la innovación en los fogones, si tienen sentido del humor, si son fans de Leonardo o tienen interés en cómo servir venenos en banquetes.

ÚLTIMAS TARDES CON TERESA, de Juán Marsé (Lumen).

Uno de los libros de siempre que merece la pena revisitar, que combina perfectamente una prosa exquisita con la novela romántica y social en la Barcelona de la posguerra.

Les gustará: si les va el vintage, si les gustan las historias bien escritas, o si la Ciudad Condal les tiene comido el corazón por dentro.

MI PLANTA DE NARANJA LIMA, de José Mauro de Vasconcelos (Libros del Asteroide).

Ambientado en Brasil en algún momento de los años ’70, cuenta, con tintes autobiográficos, las aventuras (y desventuras, como exige la frase hecha) de Zezé, un niño de cinco años, y su relación con Miguinho, su arbolito, a quien cuenta sus sueños y sus realidades. Ojo, se llora a chorros vivos. No digan que no lo avisé.

Les gustará: si les interesan los relatos de la infancia, o son fans del naturalismo y el realismo mágico o tienen mundo interior, como Pocholo.

PARA HEREDEROS:

ANA, LA DE TEJAS VERDES, de Lucy Maud Montgomery (El Toro Mítico).

Los clásicos juveniles son un must en casa de la madre vintage y este no podía ser menos. Cuenta la historia de una niña huérfana que llega a Tejas Verdes y cómo comienza a sentir y descubrir un mundo nuevo para ella. Una historia maravillosa y pedagógica, llena de ternura y sensibilidad .

Les gustará: si les gustan las palabras rimbombantes y las historias románticas, si son fans de las historias de principios del siglo XX , o tienen la imaginación a tope de pagüer.

EL PEQUEÑO NICOLÁS, de René Goscinny (Santillana).

¿Quién no conoce a Nicolás a estas alturas de la vida y de la literatura?No me refiero al español, queridos followers, sino al clásico francés. Un libro de historias divertidísimo sobre la infancia del protagonista, sus amigos y travesuras, siempre con ese toque de humor blanco tan delicioso que tienen los galos.

Les gustará: no conozco a nadie que no disfrute las aventuras de Nicolás, sea heredero o adulto. Y tiene unos puñetazos bárbaros para pasarlo fenómeno.

CHARLIE Y LA FÁBRICA DE CHOCOLATE, de Roald Dahl (Alfaguara).

Que en esta casa somos fans del autor no es noticia y este es uno de los títulos hiperrecomendables. La capacidad imaginativa, la deliciosa prosa y el humor son ingredientes habituales en Dahl que se suman a la historia delirante de la fábrica de dulces de Willy Wonka y cómo Charlie Bucket consigue visitarla.

Les gustará: si creen en la magia y los sueños, o si les gustan los caramelos a niveles oligofrénicos.

Y hasta aquí podemos (y debemos) leer. Stay tunned, que en sucesivas entregas les traeremos más propuestas lectoras. Y, si tienen a bien dejarnos las suyas en comentarios, les estaríamos eternamente agradecidos. O cualquier otra recomendación, que también será bienvenida y procesada convenientemente. De lo contrario corren ustedes el riesgo de que la madre vintage venga a hablar de su libro, y ya saben como acaba eso. Con gafotas de Paco Umbral.

¡Feliz Miércoles!

Mary Wilson

El Pinchadiscos: Tell me, tell me.

Queridos followers de nuestras entretelas, como habrán podido comprobar, hemos vuelto a las redes (a las sociales y del interné, que en las del Señor estamos como siempre) con todas las de la ley. Y con vocación de continuidad, con publicaciones semanales, y de compartir, como ha sido siempre desde que inició su andadura este cuaderno de bitácora de la maternidad vintage. Con las secciones habituales y otras nuevas, atendiendo a las demandas manifestadas por crítica y público en estos meses de descanso vacacional. Seguiremos pinchando música de la que nos come el corazón en casa de la retromadre, continuaremos haciendo metafísica infantil y escribiendo todas las palabras para Julia que quiero que se queden por escrito para siempre. Habrá recomendaciones culinarias, viajeras, lectoras y cinematográficas de todo aquello que descubramos, nos engorile o merezca la pena que sea de conocimiento público, porque compartir no sé si es de guapas, pero dice la sabiduría popular que el que no convida, tiene un sapo en la barriga, y no es cosa de fomentar batracios intestinales, oigan. Si, además, potencia la belleza, todo son ventajas. Por fuera y por dentro, como el activia.

Por eso, aprovechamos la sección musical de esta semana para abrir los micrófonos a las peticiones de los oyentes. Si tienen interés en algo en concreto, díganme, o dígannos, que somos todo ojos y orejas. Y si no cambiarían nada, quédense de igual modo, porque seguiremos viejunos, comme d’habitude, pero petándolo, como hasta ahora.

¡Feliz Lunes!

Mary Wilson