Diez.

Quizá se extrañen de leernos en pleno agosto, cuando las redes (las del Señor, no; las otras) se encuentran como un pueblo del Lejano Oeste y cualquier escrito que una publique puede vagar como un estepicursor por el desierto. O como una pelusa bajo la cama en ausencia de mopa y amoniaco. O quizá, no.

Quizá crean que la que suscribe, siendo viejuna aunque lo sigue petando, comienza a acusar los estragos de su estado vintage en la memoria o se ha golpeado la cabeza con el fondo de la piscina y ha olvidado que había tomado vacaciones. O quizá, no.

Quizá les parezca que vengo un poco moñas y no hagan caso de mi descubrimiento de largo alcance, pero hoy tengo que interrumpir mi letargo para confirmarles lo que llevo una década sospechando: la heredera es una Chica Diez. Literal, temporal y pitagóricamente hablando. Eso sí, respetos al máximo al matemático griego, que de catetos sabría mucho, no digo yo que no, pero de mística y numerología, lo justito, también se lo digo. La magia no la da el número 10, Don Pitágoras, viene intrínseca en la heredera. Y se expande, como el universo, hasta el infinito, como lo que yo la quiero. Feliz cumpleaños, Julia.

El pinchadiscos: Bajo el Sol.

DSC_9039Sé, porque muchos de ustedes, queridos followers de mis entretelas, me lo han manifestado en múltiples formas, que nos echan de menos. Que extrañan nuestras propuestas musicales de los lunes y nuestras reflexiones de los miércoles. La metafísica infantil de los viernes, no, porque el pozo inagotable de sabiduría e inspiración que es la cabeza de la heredera nos ha permitido seguir publicando, como decía el otro, en pequeñas “diócesis”, semanalmente sus ocurrencias con puntualidad británica. Pero el final del curso escolar, la quadrophenia de la que suscribe y una acumulación de funciones que bien merecería ser gratificada con un plus se han apoderado de nuestro ser, como le pasa a Camilo Sesto cuando muere de amor, su serenidad se vuelve locura y se llena de amargura. Y de telarañas, como las secciones fijas del blog.

Así que voy a hacer caso a my dear Susana Torralbo y dedicar la temporada estival a hacer una limpieza general a este rincón. Tengo ya el flús flús (en casa lo de la nomenclatura técnica lo lleva la heredera) a tope de amoniaco y las bayetas preparadas para dejar este cuaderno de bitácora de la maternidad como los chorros del oro. Y mientras tanto, iré llenando la carpeta de borradores de canciones, ocurrencias, inspiraciones y reflexiones para satisfacer sus ansias lectoras cuando llegue septiembre. Entonces, les esperaremos con los brazos abiertos y con muchas ganas, pero de momento, descansen de nosotras, como Juan y Junior, Bajo el Sol:

¡Feliz Martes!

Mary Wilson

 

Viernes: Metafísica Infantil

DSC_8714Aprendizaje multimedia:

“- Leyendo se aprenden muchas cosas de historia… Hay libros chulísimos sobre Roma, los emperadores, los reyes …

– Con las películas también… Ya sé todo lo de Napoleón y eso…

– Ah, ¿sí? ¿Qué es lo de Napoleón y eso?

– Pues que lo mataron los Minions. Con un cañón.”

O sea, básicamente lo importante. No puedo hacer más preguntas, señoría. Me bajo de la vida en el ipso facto.

¡Feliz Viernes!

Mary Wilson

 

Viernes: Metafísica Infantil.

DSC_8612El dardo en la palabra:

“- (…) Entonces ¿le habéis puesto mote?

– No, mamá… (suspiros de invocación al Santo Job). Es apodo. Es que no es lo mismo decir una cosa u otra, ¿sabes? Apodo es cariñoso. En cambio, mote es como de chorra.”

Y esta sería, queridos followers, la vida en casa de María Moliner. Cien años después. Voy a ir pidiendo que nos reserven el sillón M en la RAE, que creo que sigue vacante.

¡Feliz Viernes!

Mary Wilson

Palabras para Julia: Elige tu aventura.

Cuando la sabia y viejoven a la par que bella y escultural progenitora, a.k.a la madre vintage, era heredera, o sea, prácticamente en el Pleistoceno, lo que viene a ser muy al principio de la Era Cuaternaria, donde aprendió técnicas de crianza y educación de las especies prehistóricas y/o paleolíticas y algún que otro sonido pseudogutural que conserva por nostalgia y efectividad, había unos libros muy bonitos de ver que causaron furor entre las huestes y mesnadas escolares. Literatura de la buena. Ustedes, queridos followers, recordarán aquella colección  agrupada bajo el seductor título “Elige tu aventura” y que nos tenía comidos los corazones trogloditas. Porque aquello no era un libro normal. No. Aquello era néctar y ambrosía para nuestras neuronas ávidas de decisión y entretenimiento. Y tenía extras, como los coches. Que llegabas a la biblioteca del colegio (bueno, a la estantería donde había unos pocos ejemplares y unas muchas baldas libres) y si habías sido el más rápido del Oeste, cogías el libro  y te sentías poseedor el destino de los protagonistas en tus manos. Súper pagüerful. Con mirada interesante y sonrisa de medio lado nivel ZoolanderDSC_8608

Para ser honestos, la idea no era nueva. Pero a los ocho años, muchas referencias culturales tampoco te acompañan, también se lo digo, así que alucinábamos pepinillos en vinagre. Qué quieren, lo del encurtido siempre ha sido muy vintage y castizo. Así que te engorilabas y empezabas a leer y ya estaba el lío armado. Si coges el camino de la derecha, ve a la página 15. Si por el contrario tomas el camino de la izquierda, continúa en la página siguiente. Un ritmo vertiginoso, oigan. Algunas veces, incluso, la disyuntiva te ofrecía pistas acerca del futuro que aguardaba al personaje de tomar un camino u otro: si decides adentrarte en la cueva atestada de murciélagos en cuyo interior habita un dragón antropófago cuyo fuego abrasador puede dejarte como la ceniza de un puro si es que consigues evitar ser engullido, sigue en la página 20. Mucha tranquilidad el itinerario no daba, las cosas como son. La primera vez que lo leías, utilizabas tu olfato de fino estratega para saber que no, por ahí, no. Pero siempre quedaba impresa en el subconsciente la llamada del lado oscuro… Imposible no retomar la historia y escoger el otro camino para conocer el resultado y el final, con la esperanza escondida en lo más profundo de tu ser del vuelco argumental. Inocencia e hiperficción explorativa a cascoporro y partes iguales. Y sin despeinarse.DSC_8717

Toda esta disertación propia del cebolletismo que caracteriza a la madre vintage es una alegoría de la existencia. Porque esto de la vida, mi joven padawan, es un poco así. Elige tu aventura. Con su poquita más de trascendencia e intensidad, pero básicamente así. Llegas a las encrucijadas y has de decidir a qué página vas. Eso sí, en este caso, las mejores opciones y los mejores resultados ever, por el camino difícil y menos transitado. No hay letreros luminosos ni carteles gigantes que recen warning, pero algún indicio, pequeño saltamontes, a poco que tengas un poco de perspicacia, ya te dará la vida.

¡Feliz Miércoles!

Mary Wilson