Palabras para Julia: La Pauta.

Mr Wilde, en una de esas sentencias que han pasado a la posteridad, y que alguno puede confundir con un axioma de Paulo Coelho si no tiene muchas referencias literarias, decía que lo mejor es ser uno mismo porque los demás puestos ya están ocupados. Quizá en la época de Don Óscar eso fuera relativamente sencillo, porque las redes (no las del Señor, las mediáticas) no habían aparecido, y ni había influencers, ni egobloggers, ni tendencias, ni lo last de lo last, ni castañas en conserva. Por no haber, no había ni excusados en las casas, victorianas, eso sí, así que como para que hubiera de lo otro. Quizá cada uno en su lugar de origen o de destino podía mantenerse mucho más aislado y ajeno a lo que hacían los demás, o no quedaba más remedio, por imposibilidad física, material y/o mediopensionista, y la esencia de las cosas y de las personas permanecía más intacta. Quizá si hubieran sabido lo que venía después, lo hubieran preferido y hubieran echado horas retuiteándose unos a otros, contestando a haters y haciéndose selfies saliendo del Trinity College y a la puerta del pub titulados “de fiesta con mis lokis”. Habría sido todo más moderno, sí, pero al mismo tiempo igual de aburrido que darse una vuelta por cualquiera de las redes sociales de moda right now.

Y no es que esta que suscribe quiera volver al siglo XIX, que una es vintage, pero con moderación y sensatez, y pensar en una época sin lavadora y otros aperos de limpieza que han traído la civilización y el progreso, le produce hiperventilaciones y necesidad de inhalaciones de Agua del Carmen. No, no es eso. Es que últimamente sólo hay… lo mismo. El mismo discurso en el cine, en los libros, en las noticias. En los pies de foto, en las tiras de humor, en las canciones. Los mismos pantalones y los mismos vestidos en la Semana de la Moda, en la pasarela, en las cuentas de las trendsetters de turno. Los mismos muebles en las cafeterías de moda. Se ríen porque son jóvenes, que dirían Tachenko, pero la amenaza de los clones ha llegado y nos ha lavado el cerebro con el fin de reducirnos a todos a la misma imagen, pensamiento y emoción que nos enseña a través de cualquiera de las pantallas que conectamos. Esto a Don Óscar no le pasaba, las cosas como son. Porque en aquella época podían vestir igual, sí, todos de negro en plan mortífago, pero todavía la excitación de la individualidad, de crear, imaginar y pensar electrizaba las mentes y, aunque a Mr Wilde no le fue muy allá eso de ser uno mismo, estuvo vivo y fue libre, y escribió todo aquello que se le puso en la punta de su pluma. Estilográfica, obviamente.

Así que mis palabras, mi pequeña padawan de la existencia vintage y moderna, son para sobrevivir en esta niebla de lo política, social y culturalmente correcto, lo que sea en cada momento la postura oficial “del régimen.” No el de la báscula, el otro. Como dijo Juan Ramón, si te dan papel pautado, escribe por el otro lado. Menos con tu madre, nena, que es influencer. De la lorza y de la vida.

¡Feliz Miércoles!

Mary Wilson

Viernes: Metafísica Infantil.

La importancia de los tiempos:

“- Mamá, no me gustan las cajeras…

– ¿Las cajeras? ¿Por qué?

– Pues porque saben todo lo que compramos… Sería mejor cajeros automáticos que lean los códigos de barras… o algo de eso.

– Uy, pero toda esa gente se quedaría sin trabajo… Además, ¿tú te crees que la cajera se acuerda dentro de una semana de lo que acabas de comprar?

– No, dentro de una semana, no. Pero lo sabe AHORA.”

Respetos al máximo a todas las cajeras y cajeros de carne y hueso del mundo.  Y besis varios desde aquí. No se lo tomen como algo personal, es que la heredera debe ser un agente del MI6 en misión especial de alto riesgo y todas las precauciones son pocas.

¡Feliz Viernes!

Mary Wilson

Leo, leo… ¿qué lees? (September books)

A final del curso pasado, porque las madres, y sobre todo las que somos más viejas que el hilo negro, medimos el tiempo en cursos, inaugurábamos a petición del respetable sección lectora chez Mamá Vintage, donde les daríamos cuenta de todos aquellos libros que nos han comido el corazón y nos han procurado horas de disfrute personal y/o insomnio nocturno, cosas que pueden ir de la mano, como los vástagos al cruzar las calles del mundo.

Con el inicio de este año escolar y el “retonno”, como dirían nuestros idolatrados Martes y 13, a la actividad de esta su casa, queridos followers, les traemos nuevas recomendaciones, en el afán de que les proporcionen tantas satisfacciones como han dejado en los ánimos de la heredera y ésta que suscribe (y que lo es).

PARA MADRES (Y PADRES!) VINTAGE:

NOTAS DE COCINA DE LEONARDO DA VINCI, de Jonathan Routh (Temas de Hoy).

Desternillante recopilación de los inventos y aventuras en las cocinas y mesas de la época de este hombre del Renacimiento.

Les gustará: si les gusta la innovación en los fogones, si tienen sentido del humor, si son fans de Leonardo o tienen interés en cómo servir venenos en banquetes.

ÚLTIMAS TARDES CON TERESA, de Juán Marsé (Lumen).

Uno de los libros de siempre que merece la pena revisitar, que combina perfectamente una prosa exquisita con la novela romántica y social en la Barcelona de la posguerra.

Les gustará: si les va el vintage, si les gustan las historias bien escritas, o si la Ciudad Condal les tiene comido el corazón por dentro.

MI PLANTA DE NARANJA LIMA, de José Mauro de Vasconcelos (Libros del Asteroide).

Ambientado en Brasil en algún momento de los años ’70, cuenta, con tintes autobiográficos, las aventuras (y desventuras, como exige la frase hecha) de Zezé, un niño de cinco años, y su relación con Miguinho, su arbolito, a quien cuenta sus sueños y sus realidades. Ojo, se llora a chorros vivos. No digan que no lo avisé.

Les gustará: si les interesan los relatos de la infancia, o son fans del naturalismo y el realismo mágico o tienen mundo interior, como Pocholo.

PARA HEREDEROS:

ANA, LA DE TEJAS VERDES, de Lucy Maud Montgomery (El Toro Mítico).

Los clásicos juveniles son un must en casa de la madre vintage y este no podía ser menos. Cuenta la historia de una niña huérfana que llega a Tejas Verdes y cómo comienza a sentir y descubrir un mundo nuevo para ella. Una historia maravillosa y pedagógica, llena de ternura y sensibilidad .

Les gustará: si les gustan las palabras rimbombantes y las historias románticas, si son fans de las historias de principios del siglo XX , o tienen la imaginación a tope de pagüer.

EL PEQUEÑO NICOLÁS, de René Goscinny (Santillana).

¿Quién no conoce a Nicolás a estas alturas de la vida y de la literatura?No me refiero al español, queridos followers, sino al clásico francés. Un libro de historias divertidísimo sobre la infancia del protagonista, sus amigos y travesuras, siempre con ese toque de humor blanco tan delicioso que tienen los galos.

Les gustará: no conozco a nadie que no disfrute las aventuras de Nicolás, sea heredero o adulto. Y tiene unos puñetazos bárbaros para pasarlo fenómeno.

CHARLIE Y LA FÁBRICA DE CHOCOLATE, de Roald Dahl (Alfaguara).

Que en esta casa somos fans del autor no es noticia y este es uno de los títulos hiperrecomendables. La capacidad imaginativa, la deliciosa prosa y el humor son ingredientes habituales en Dahl que se suman a la historia delirante de la fábrica de dulces de Willy Wonka y cómo Charlie Bucket consigue visitarla.

Les gustará: si creen en la magia y los sueños, o si les gustan los caramelos a niveles oligofrénicos.

Y hasta aquí podemos (y debemos) leer. Stay tunned, que en sucesivas entregas les traeremos más propuestas lectoras. Y, si tienen a bien dejarnos las suyas en comentarios, les estaríamos eternamente agradecidos. O cualquier otra recomendación, que también será bienvenida y procesada convenientemente. De lo contrario corren ustedes el riesgo de que la madre vintage venga a hablar de su libro, y ya saben como acaba eso. Con gafotas de Paco Umbral.

¡Feliz Miércoles!

Mary Wilson

El Pinchadiscos: Tell me, tell me.

Queridos followers de nuestras entretelas, como habrán podido comprobar, hemos vuelto a las redes (a las sociales y del interné, que en las del Señor estamos como siempre) con todas las de la ley. Y con vocación de continuidad, con publicaciones semanales, y de compartir, como ha sido siempre desde que inició su andadura este cuaderno de bitácora de la maternidad vintage. Con las secciones habituales y otras nuevas, atendiendo a las demandas manifestadas por crítica y público en estos meses de descanso vacacional. Seguiremos pinchando música de la que nos come el corazón en casa de la retromadre, continuaremos haciendo metafísica infantil y escribiendo todas las palabras para Julia que quiero que se queden por escrito para siempre. Habrá recomendaciones culinarias, viajeras, lectoras y cinematográficas de todo aquello que descubramos, nos engorile o merezca la pena que sea de conocimiento público, porque compartir no sé si es de guapas, pero dice la sabiduría popular que el que no convida, tiene un sapo en la barriga, y no es cosa de fomentar batracios intestinales, oigan. Si, además, potencia la belleza, todo son ventajas. Por fuera y por dentro, como el activia.

Por eso, aprovechamos la sección musical de esta semana para abrir los micrófonos a las peticiones de los oyentes. Si tienen interés en algo en concreto, díganme, o dígannos, que somos todo ojos y orejas. Y si no cambiarían nada, quédense de igual modo, porque seguiremos viejunos, comme d’habitude, pero petándolo, como hasta ahora.

¡Feliz Lunes!

Mary Wilson

Viernes: Metafísica Infantil.

Cosas de la edad (ah ah ah ah):

“- Mamá, ¿cuántos años crees que tiene Bob Esponja?

– Eh… pues no sé, no lo había pensado nunca…

– Yo, treinta y cuatro.”

Exactamente. No aproximadamente, no. Treinta y cuatro. Y no se hable más. Ella apuesta por ese número y no, señores, no lo cambia. ¿Por qué? Vaya usted a saber cómo ha hecho los cálculos, pero esta que suscribe no se atreve a preguntar, que por lo visto Bobes es contemporáneo suyo y seguro que acaba pillando.

¡Feliz Viernes!

Mary Wilson

Viaje con nosotros: Lisboa con niños.

Aun a riesgo de repetirme más que Matías Prats en un anuncio de Línea Directa, les diré, queridos followers, que sé que esta entrada necesaria, lo que se dice necesaria, de necesidad, no es, pero quizá les venga bien o les apetezca leer otra crónica viajera sobre la capital portuguesa, o mirar las estampas, como en los libros ilustrados. Y, también se lo digo, si no se lo cuento a ustedes, ¿a quién se lo voy a contar? Así que abróchense los cinturones y mantengan el respaldo de sus asientos en posición perpendicular, que nos vamos de excursión. Con la mochila, la tortilla y el jamón.

Como ya habrán percibido, pequeños saltamontes, si son ustedes lectores y/o followers de esta casa, Portugal nos tiene comido el corazón a todos los niveles, y la capital no iba a ser menos. Han sabido conservar todos esos detalles que a una madre vintage le engorilan y a la vez revestirlos de la modernidad de una gran ciudad europea del siglo XXI. Eso, para esta que suscribe, es un acierto seguro de pleno al quince. Quinielísticamente hablando. Y, aunque a priori no sea un destino de viaje con vástagos de nuestras entretelas, hay unos cuantos planes que hacer con ellos mientras descubres la ciudad. Éstos que les dejo más abajo fueron los nuestros.

  1. Oceanario y Parque de las Naciones. No era la primera vez que visitábamos Lisboa ni este sitio en concreto, pero merece la pena darse una vuelta por la zona de la Exposición Universal, montarse en el teleférico y visitar uno de los acuarios más grandes y completos que existen. Nuestras favoritas, como siempre, las nutrias. Se nos quedó en el tintero el museo de la ciencia, que se encuentra en la misma zona, así que tenemos excusa para volver.DSC_0259DSC_0255DSC_0273DSC_0286DSC_0288DSC_0301
  2. Castillo de San Jorge. Las vistas de Lisboa son espectaculares desde aquí y está fantásticamente conservado. Hay que tomárselo con calma para llegar hasta allí andando si no quieres acabar echando el bofe tras la primera cuesta. Pero una vez allí, pasear entre los árboles, subir a las torres y pasear por él es una maravilla, sobre todo con niños. Una recomendación: lleven calzado adecuado porque la calzada portuguesa, sobre todo en la bajada, es mortal con bailarinas. Sus posaderas se lo agradecerán. DSC_0600DSC_0609DSC_0604DSC_0610DSC_0613
  3. Hippotrip. Siempre que viajamos, intentamos subirnos a un autobús turístico. Es una manera de hacer un recorrido general de las ciudades, escuchar las explicaciones de los guías y anotar en el cuaderno de viaje cuáles son las zonas que después visitarás con calma. Uno se hace idea de lo que es la ciudad en su conjunto, aprende cosas sobre ella y con niños es ideal. Esta vez hicimos un viaje anfibio: una hora recorriendo las calles de Lisboa y, sorpresa, de repente el autobús se lanza desde el muelle al río Tajo y se transforma en un barquito que hace una travesía de media hora. Muy emocionante y recomendable.DSC_0385DSC_0392DSC_0387DSC_0395
  4. Belem. Mi zona preferida de Lisboa con muchísima diferencia en la que se puede pasar el día entero. En ella se encuentran la Torre de San Vicente, el Monasterio de los Jerónimos, el Monumento a los Descubridores y el Centro Cultural de Belem, con una colección de arte contemporáneo que merece la pena ver. Y el edificio, con su oliveira sobre el Tajo, no puede ser más fotogénico.DSC_0443DSC_0422DSC_0454DSC_0465DSC_0518
  5. LX Factory. Muy cerca del muelle donde se coge el autobús anfibio, se encuentra este mercado vanguardista, ubicado en una antigua fábrica y donde podrás encontrar tiendas, foodtrucks, espacios para la creación y el diseño, restaurantes, cafés y arte por todos los rincones. Todo con ese toque portugués que sabe combinar perfectamente la tradición con lo moderno, sin perder ni una gota de esencia y con un punto decadente que nos arrebata nuestros coraçaos retromodernistasDSC_0408DSC_0410DSC_0414DSC_0417DSC_0418DSC_0420
  6. Callejear. Perderse en la Alfama, pasear por la Praça do Comercio, subir en el Elevador de Santa Justa, asomarse a los miradores al atardecer, cenar en un palacio en el Chiado, tomar café en A Brasileira con Pessoa, montar en tranvía,  disfrutar por el Bairro Alto. Lisboa parece haberse detenido en el tiempo y eso, a los que somos vintage, nos pone muy muy arriba.DSC_0617DSC_0593DSC_0590DSC_0553DSC_0357DSC_0353DSC_0635DSC_0623DSC_0636DSC_0316DSC_0311DSC_0307

Mención especial merece nuestro alojamiento en la capital lusa. A última hora y por casualidad, como vienen ocurriendo muchas cosas estupendas, encontramos la guesthouse Casinhas de Lisboa, una serie de alojamientos repartidos por la ciudad con un encanto que no se puede aguantar ni explicar. Eso sí, les indico que el nuestro estaba en un tercero sin ascensor, lo que se hacía un poco cuesta arriba por las noches después de los 15 o 20 km de rigor de turisteo. Pero, queridos followers, cada uno a su gusto va bien vestido, y subir por esas escaleras bien merecía un poco de fatiga. Los desayunos del alojamiento se ofrecían en el Palacio das Especiarias, muy cerca de nuestra casinha, con música al piano y un buffet de los de comer oligofrénicamente. Y ojo, porque la fama se la llevan los pasteis de Belem, pero poco se habla de los croissants portugueses. Los mejores del mundo mundial y muy favoritos EVER.DSC_0641DSC_0645DSC_0646DSC_0664

Si han llegado hasta aquí, se merecen una ola con pino puente incluido. O quizá otro post con más recomendaciones viajeras de aquí o acullá. Se admiten preguntas, sugerencias y /o comentarios. Incluso se recomiendan. Encarecidamente.

¡Feliz Jueves!

Mary Wilson

Septiembre aún es verano.

Y dicen los Airbag que tú no te has marchado aún. Y espero que no, que no se me marchen, o que, si aún tienen pendiente el marcharse o ello está en su ánimo, se marchen, pero que en su intención y su deseo esté el volverse, porque yo, respetos al máximo en este aspecto y muchos otros a La Faraona, pero prefiero el quedarse al irse en el “simequeréis.” Resumiendo (que tengo la neurona un poco aturdida por la vuelta): aquí me tienen, un poco más vintage, o más añeja, que antes del verano, comme il faut, y con muchas ganas de reencontrarme con ustedes y de contarles muchas cosas (y si tienen a bien, de que ustedes me las cuenten a mí vía comentarios, emails (que, por cierto, una pérdida tremenda para lo de la risa que decir emilios haya quedado obsoleto) o lo que vengan prefiriendo para la comunicación.

Las cosas como son, no les voy a engañar: en casa de la madre vintage lo que triunfa es el verano. Porque sí. Pero también se lo digo, no vamos a hacer un drama de la vuelta porque la felicidad es una actitud ante la vida. Y, sinceramente, parecerme a Tristón, el amigo quejicoso de Leoncio el león de Hanna Barbera, no. Puedo ser Yogui, y comerme las canastas de los excursionistas de Yellowstone de un bocado, puedo ser Pepe Pótamo con mi hipoaullido huracanado, podría incluso ser Pierre Nodoyuna con Risitas incluido. Pero Tristón no, que me da mucho coraje y encima casi no tiene ojos y eso es fatal porque uno queda muy horriblemente en las fotos. Así que, a pesar de lo mucho que voy a echar de menos disfrutar de los días más largos del año y de la heredera full time, no, no me pienso lamentar de la rentrée, ni de la vuelta al cole, ni de tener que madrugar otra vez, ni de que vuelvan las lluvias y los fríos de Mordor. Me gusta empezar cursos, me gusta preparar uniformes y mochilas, y tener cuadernos y lápices de colores nuevos. Como a la heredera. Y eso también es una actitud ante la vida que conviene recordar en los momentos de bajona, que vendrán y volverán, como las oscuras golondrinas, que por eso tienen ese color de cielo de invierno a las siete de la tarde. Pero todavía no, todavía es septiembre y aún es verano. Aún quedan tardes de surf, de sol y toda la movida a tope:

¡Feliz lunes y feliz vuelta! Les espero a todos de nuevo aquí, en casa de Mamá Vintage. Y prepárense porque tenemos cuerda para rato.

Mary Wilson