Vintagemanía (II).

Y lo que te rondaré, morena. Porque esta sección va para largo. Y no porque una sea maniática, qué va. Al contrario. Son cosas tan normales como la vida misma que yo, aquí, os comento porque son el pan nuestro de cada día. Y más de una y más de dos madres vintages del mundo me avalarán. Y lo sabéis.but4Una de las cosas que más preocupan a mamá vintage es el asunto cromático. Porque la retromadre es muy de colores, muy pop. Y cuando haces pop, you know, ya no hay stop. El caso es que ha tenido que desarrollar un sexto o séptimo sentido para evitar ir por la calle que parezca salida de My Little Pony o vestida con la bandera del orgullo gay. Que ambas cosas tienen su punto, oye, pero para según qué ambientes. Y canta un poco. Y ya sabéis, lo de cantar, no es lo suyo.

but6Total, que una vez en un dominical me encontré con un artículo sobre los Sapeurs del Congo, con sus trajes y sus corbatas de seda, hechos unos “astolfis”. Ahí me enteré de que entre otras reglas de estilo y conducta, siguen la norma de no mezclar más de tres colores en un mismo atuendo. Y la menda, que es muy vintage pero ecléctica donde las haya, se lo grabó a fuego, y va por la vida como las películas de Kieslowski. Tres colores. Tres.

but2“Nena, lo poco agrada y lo mucho enfada.” Sí, pero una vez metidos en harina, una se engorila y ya no sabe cuando parar. Así que esta norma ha llegado a englobar toda la combinación cromática que rodea a la madre vintage. También a la ropa interior. Porque un poquito de por favor. ¿Qué cuesta que pegue lo de dentro con lo de fuera? Y por supuesto: lo de arriba con lo de abajo. Pensad, madres y lectoras del mundo, en ese escenario tan de madre vintage: “y ponte muda limpia, no vaya a ser que tengas un accidente y tengas que ir al médico”… Limpia sí, pero conjuntadita sobre todo, que igual al doctor le da un pampurrio coloril en plena operación de urgencia a corazón abierto. No es cosa de morir por un ataque de conjuntivitis. Que viene siendo eso, que se te pongan los ojos pitañosos ante un despropósito combinatorio.

but1Esta teoría del color tiene pues, múltiples manifestaciones y puestas en práctica en la vida de la madre vintage. Como el hecho de que la lycra y el punto en los estantes y cajones sea representación del sistema de pantones. Así, en degradé. Y cubriendo todos los tonos posibles entre colores sólidos. Porque dejemos una cosa clara: naranja no es color caldera. Un poco de rigor en esto. Y sí, pueden existir siete fucsias diferentes (y todos los tiene la madre vintage en cuestión de medias). Porque no sé a vosotros, pero a mí me pasa: la diminuta raya del vestido que acabas de comprar es justo del verde que no tienes. Que a la gente le podrá pasar desapercibida, pero como Grecia, estar, está. Y a tomar vientos la regla de los tres colores.

but5Cosas del destino, es tal la interiorización de este asunto que más de una vez la madre vintage y la heredera han salido a la calle, cual brazos de mar, en perfecta unión tricolor la una con la otra, como si ambas fueran un complemento más de la compañera. “¿Qué llevas puesto, Julia? Nada, una madre vintage en tonos ocres, como yo…” Ahora bien, dejemos claro que todo esto es puritita casualidad. Ella controla, ¿eh? Puede dejarlo cuando quiera.

¡Feliz Martes!

Mary Wilson

4 comentarios en “Vintagemanía (II).

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