Viaje con nosotros: Unas horas en Oporto.

_DSC3851Antes de comenzar a transcribir las crónicas de la vida retro del dolce far niente y el rascarse la barriga al sol que más calienta, la madre vintage, que como madre ha de dar ejemplo, reconoce que esto de irse de merecido descanso sin despedirse es una cosa muy fea que hace llorar al Niño Jesús y promete no volver a hacerlo. La culpa fue de su yo procastinador, pero eso ya os lo explicará en otro momento.  Otro día. En otra vida, ya si eso…_DSC3878_DSC3799_DSC3834Como diría un forense: vamos a ir por partes. Nuestras vacaciones tendrían como base de operaciones una quinta cerca de Sesimbra, pero de camino a nuestro destino, tuvimos que hacer una escala más que obligatoria en Oporto. Sí, donde Casillas. Ha sido compartir nuestra presencia en la capital portuguesa y decidir el guardameta mudarse con su señora y su rorro al país vecino. Es lo que tiene, que marcamos tendencia. Y sin darnos ni una gota de importancia. Los vintage somos así. De toda la vida._DSC3827_DSC3835El asunto, al margen del tema futbolístico, es que en esta ciudad vivió algún tiempo J.K. Rowling, la escritora de la saga de Harry Potter y se inspiró en algunos detalles de la ciudad portuguesa para sus novelas, como la escalera de la librería Lello e Irmão. Y claro, la heredera, que es de un completista que asusta, no podía no conocer aquello después del viaje monográfico a los estudios en Londres. Ni una rendija a la ignorancia en su tesis doctoral sobre el mago más famoso de los últimos tiempos. Es una mujer racional y empírica. Y muy fan de la wikipedia. _DSC3803_DSC3813Merece la pena la visita. Las vidrieras del interior, la majestuosa escalera y las estanterías llenas de libros son un escenario impresionante. Aunque no lleves varita ni se muevan los tramos de escalones a placer, que en realidad era lo que nos hubiera gustado que ocurriera. Y ya por pedir, su poquita de Dumbledore y de petrificus totalus. Pero nada, muy ingeniosos estos muggles, pero ni rastro de magia._DSC3831_DSC3910_DSC3830En realidad, ya antes de entrar en la librería, veníamos con la boca abierta de las calles portuenses, las casas azulejadas, los suelos empedrados y los tranvías. Cada rincón que veíamos, nos gustaba más que el anterior. No podíamos seguir nuestro viaje sin más, así que tomamos un coche eléctrico, TUK se llaman, y dimos una vuelta de aproximadamente una hora por la ciudad, llena de edificios preciosos, balcones adornados para las fiestas locales y gente que sonríe y saluda con una amabilidad fuera de lo normal. 
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_DSC3909_DSC3905Recorrimos el Olival, la Judería Nueva, el Centro y la Ribeira, llegando hasta Gaia, al otro lado del Duero, desde donde pudimos hacer unas fotos del río y toda la ciudad. Y, subidos al automóvil no contaminante, la guía turística nos iba cantando los monumentos como en los viajes turísticos de los que hablaba Gila, sólo que aquello era Europa, 15 países en 7 días, y esto la segunda ciudad más grande de Portugal en 60 minutos. Eso sí, con el paseo sobre ruedas nos dimos una idea de lo que es Oporto y lo que hay que ver, evitando innecesarias subidas de cuestas portuguesas que afinan piernas y endurecen glúteos pero que estropean el look vintage y el fuelle una barbarité.

_DSC3859_DSC3855_DSC3865A pie o sobre ruedas, la ciudad no puede ser más bonita. Habrá quien diga que está vieja y rota, pero también la Esfinge de Giza y nadie se lo echa en cara. Un poco de humanidad. Desde luego, nosotros montamos en el coche con esa sonrisa que se pone cuando te enamoras o cuando descubres una pieza única en un mercadillo (cada loco con su tema). Nos puso los dientes tan largos que este otoño, si Dios y la cuenta corriente lo permiten, haremos una escapada para disfrutarlo como se merece.  Porque no nos engañemos, lo de Oporto no es decadencia, es vintage. Y de otra cosa igual no, pero de eso entendemos un rato.

¡Feliz Martes!

Mary Wilson

10 comentarios en “Viaje con nosotros: Unas horas en Oporto.

  1. Enamorada de esa ciudad… Y si, yo soy de las que afino piernas pero a las 9 de la noche acabo cogiendo un taxi para volver al hotel porque el cuerpo y sobre todo mis pies dicen:
    ” hasta aquí hemos llegao “

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  2. Como me enamoro a mi también Portugal aunque yo me quedé en Lisboa, totalmente y perdidamente prendada de ella y de todo lo que la rodea. Así que entiendo perfectamente de lo que hablas y de esas ganas imperiosas de volver

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    1. Es que cualquier rincón de Portugal es para caer rendido a sus pies. Queríamos haber vuelto a Lisboa, pero al final optamos por conocer otros sitios nuevos… y qué acierto… Ya contaré, ya… Un beso, bonita!
      P.S. Yo cuando leo imperioso/a, sólo puedo pensar en Jesús Gil y Gil… 😄

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