Viaje con nosotros: Quinta do Miguel.

_DSC4230Con mucha pena, dejamos atrás Oporto para llegar por fin a Quinta do Miguel, una especie de hotelito rural situado al sur de Lisboa (a unos 30 km aproximadamente), en un pueblo llamado Aldeia do Meco. Seamos sinceros: en el mapa parece que está más cerca de Lisboa y no es porque no estemos muy duchos con el tema de las escalas, sino que la carretera nacional es un poco precaria y curvilínea. De hecho, nuestra idea inicial era escaparnos un par de días para revisitar la capital portuguesa, pero durante el trayecto cambiamos de opinión y decidimos conocer los alrededores del Meco en lugar de desandar los kilómetros. Por aquello de no pasarnos el día en el coche. Pero esto es materia de otra entrada y, como diría Escarlata O’Hara, ya lo pensaré mañana._DSC4224_DSC4226_DSC4222Hoy, “yo he venido a hablar de mi hotel”, que era precioso. Suelos empedrados al más puro estilo portugués y casitas blancas. El jardín enorme, lleno de árboles y flores. Y verde, mucho verde. Y con columpios. Nada más llegar, nos llevaron de paseo para enseñárnoslo y apareció un pavo real a darnos la bienvenida. A continuación, Beh, la perrita de la casa, nos acompañó en la visita. Y ya no se separaron  de nosotros hasta nuestra despedida. Es lo que tiene ir con Julia, que tiene imán para las criaturas del Señor. Eso y darles de nuestro desayuno cada mañana. Finalmente fuimos recompensados por el ave con las plumas que mudó durante nuestra estancia y que nos están dando un juego fotográfico sin par._DSC4173_DSC4166_DSC4176Sobre los desayunos: aquello era la repanocha. Jamás en su vida vintage, esta servidora (y en cuatrocientas más que viva si es que existe la reencarnación) ha visto un desayuno igual. En la Quinta, el personal preparaba cada mañana en la cocina todos y cada uno de los platos que nos ofrecían en las cajas que nos acercaban a la habitación. Comida casera y con ingredientes naturales. Hiper mega ultra sano. Y más rico imposible: bizcochos con berros, croissants recién horneados, farinha torrada, miniquiches de verduras, tortillas de tomate y orégano, smoothies variados, yogur natural con semillas… La folie total. Huelga decir que volvimos rodando. Pero una madre vintage que se precie de serlo sabe que el desayuno es la comida más importante del día, así que, que nos quiten lo bailao (insertar aquí emoticono emoji de la flamenca. Varias veces).
Mary Wilson-40-2_DSC4214En la Quinta hay varias opciones de alojamiento. A nosotros nos ofrecieron la posibilidad de disponer de dos habitaciones contiguas comunicadas interiormente por una puerta. Hay un loft, que reservan normalmente para parejas, y villas, que suelen ocuparse por familias, todo decorado con un minimalismo extremo y un gusto exquisito. Mención especial requiere la bañera redonda de nuestro cuarto, tan preciosa como útil: la familia que se baña unida, permanece unida. Y además, no hubo que insistir en ningún momento que el baño era, como se suele negociar en casa de la madre vintage, “con cabeza”.
Mary Wilson-43-2_DSC4278Si algo disfrutamos de la Quinta, evidentemente al margen del asunto desayuno, fueron la piscina, preciosa y limpísima, “igualita igualita que una tele de plasma vista desde arriba” donde poder hacer todos los splash del mundo; y el jardín, donde Julia podía jugar con los animales, que jamás entraban en las habitaciones, ni siquiera con permiso, para gran decepción de nuestra heredera, que hubiera querido dormir abrazada a la perrita. O al pavo real. Indistintamente. Juntos, revueltos o mediopensionistas. Lo que fuera. _DSC4137_DSC4128_DSC4154Como siempre, nos quedamos con ganas de volver, o de no marcharnos nunca de allí. Todavía no nos explicamos que este paraíso esté tan cerca de Lisboa y no esté más concurrido. Es un sitio idílico para las vacaciones: bonito, tranquilo, bastante asequible, con gente encantadora y dispuesto a enamorarte. Pero, sssshhhh, lo decimos bajito para que no se entere nadie.  O contamos que hace mal tiempo, como en el Norte.

Si estáis interesados, toda la información del alojamiento AQUÍ.

¡Feliz Martes!

Mary Wilson

6 comentarios en “Viaje con nosotros: Quinta do Miguel.

  1. Tomo nota de esta formidable propuesta de la mamá vintage. Lo del “con cabeza” me suena de algo 🙂 Y la descripción del desayuno (ñam!) me ha recordado a la Torre del Visco, en el Matarraña turolense. Otro sitio sensacional.

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