Reflexiones de la madre vintage: Cosas que no.

Cosas que no. Que no y punto. Porque hay ciertos temas que le ponen nerviosa. O sea, que le dan desasosiego. Que no tienen sentido, o gracia, o vaya usted a saber. Vamos, que no los soporta, que le generan una especie de violencia interior, tipo alien gestándose en sus entrañas. Y ya si, por interacción de los astros, alineación de planetas y conjunción de sistemas interestelares, varios coinciden a la vez, puede desencadenarse la III Guerra Mundial en su fuero interno. Porque la madre vintage es muy de invadir.grito

1.- La expresión “X no, lo siguiente”. Comienza como un café que te ha sentado mal. Y se extiende por el organismo haciendo que aprietes los puños y que los ojos se te salgan de las cuencas. Un apunte que leí en las redes del Señor (las sociales, no las de pescar): en el diccionario, lo siguiente a guapa, es guarra. Así que ojito con los piropos.

2.- El sindiós. Como diría Saza, no lo aguanto. No hablo del desorden físico, sino del desbarajuste lógico. Me refiero al porqué de la existencia de mandarinas envueltas en papel y otras que no. O se siguen criterios uniformes para los cítricos o esto se nos va de las manos.

3.- Las hombreras. En serio. ¿En qué estabamos pensando? Y ya puestos, las bermudas. Estoy hablando de la prenda. El triángulo, no, que es muy Cuarto Milenio y me gusta.ojo

4.- Los “es que yo soy muy sincero.” Y un cuerno. Eres un hijodelagranbretaña nivel ninja. Así de claro. Yo es que soy muy sincera.

5.- La gente que no te coge el teléfono. Y no te devuelve luego las llamadas. Odio eterno sin paliativos.

6.- Las barbas. Lo sé, voy a generarme un montón de enemistades y perder otro tanto de followers, pero ¿qué quieren? Es mi natural salmónido… Lo siento por mis amigos (y alguna amiga) con apéndice capilar en el rostro. Así en general, las barbas me dan desasosiego. Y en particular, las de dos días. Porque a todo se acostumbra uno y en plena explosión hipster los pelos largos son ya el pan nuestro de cada día. Pero las otras, esas medias tintas, me generan unas ganas irrefrenables de untar al personal con espuma de afeitar y sacar la gillette. Donde sea.

chupachups

7.- La gente que se toma demasiado en serio a sí misma. Ésa que lee todo el rato a Faulkner. Y ojo, que somos muy de Faulkner en este pueblo.

8.- El zumo de tomate. Por ahí no paso. O admitimos que hay cosas que no son susceptibles de licuado o rompemos el statu quo. Se empieza por ahí y se termina echándole cardamomo y mierdecillas varias al gin tonic. Un poquito de por favor, hombre ya.

9.- El regaliz de palo. Puede que en épocas prediluvianas aquello fuera lo más y rockeara duro, pero hoy, en pleno siglo XXI, eso es como chupar la corteza de un árbol en un bosque de eucaliptos. Y se lo dice una persona que lleva ropa de hace cincuenta años.

Otro día les cuento las que sí. Que son más. Pero no soporto ponerme pesada.

¡Feliz Martes!

Mary Wilson

8 comentarios en “Reflexiones de la madre vintage: Cosas que no.

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