El pinchadiscos: Lisboa.

No era Lisboa, pero era Portugal, y si nos conocen un poco, ya saben ustedes, queridos followers, que el país vecino y sin embargo amigo nos tiene comido el corazón. Cada vez que podemos, cruzamos la frontera para conocerlo un poco más y volver cargados de saudade. Y de chicles de canela, también se lo digo, que aunque la que suscribe controla y puede dejarlo cuando quiera, ha hecho acopio de los mismos en cantidades tales y cuales que menos mal que ya no hay fronteras ni aduanas, porque hubiera quedado retenida por tráfico de sustancias sospechosas. Eso sí, huele todo el día a natillas, y eso es tope retro.

Pero no nos desviemos, que yo venía a contarles que este parón bloggeril se debía a compromisos múltiples, pero también a momentos de asueto familiar en tierras portuguesas de los que les hablaré, D. m., en los próximos días por aquí entre otras muchas cosas que tengo pendientes y que espero encontrar en estos pocos días que quedan de 2016 tiempo para escribirles. Mientras tanto, vayan poniéndose en ambiente con esta joya escondida que suena a gaviotas, tranvías, adoquines y esa tristeza que hace soñar. Cooper, Lisboa:

¡Feliz Lunes!

Mary Wilson

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