El pinchadiscos: Become the enemy.

Una mala tarde la tiene cualquiera, ya lo decía Chiquito de la Calzada. Jarl. Una de ésas en las que una ráfaga de tristeza se confunde con el aire que entra en tus pulmones al respirar y se extiende por el torrente sanguíneo por las consecuencias lógicas del funcionamiento del sistema circulatorio. O peor. Cuando una ciclogénesis furibunda que haría palidecer al mismísimo Michael Douglas decide poseer tu fuero interno al más puro estilo Niña del Exorcista, ya saben, cabezas giratorias como sillas de oficina, ojos inyectados en sangre y expresiones malsonantes e irrepetibles en lenguas desconocidas hasta el momento. Eso sólo se soluciona con prozac, litros de helado, moqueros y la presencia del padre Karras. O el internamiento en centros especializados en trastornos de la personalidad. El frenopático de toda la vida, vamos. O el peor de los escenarios posibles: cócteles de hormonas en estado premonstrual. Sí, de monstruo, han leído bien. No les conviene corregirme, mexplico?

Una de esas tardes, o días completos con sus amaneceres, atardeceres, noches y todas las horas adyacentes, los hemos tenido todos. Y hemos confundido todo lo que teníamos dentro, los sentimientos, pensamientos y culpas, y en lugar de identificar al sospechoso y reducirlo con todas las patrullas de la zona, nos hemos convertido en el enemigo. O más triste aún, hemos actuado como si el otro lo fuera y nos estuviese retando a un duelo, lanzándonos los guantes de cabritilla a la cara, como si se tratase de un combate donde uno de los dos tuviera que ganar y salirse con la suya, olvidando que esto de la maternidad y la preadolescencia es una carrera de fondo cuya línea de meta es imprescindible traspasar al mismo ritmo y con el cronómetro parado exactamente en el mismo momento, tiempo y lugar. A no ser que deseen desencadenar la III Guerra Mundial. Si desean iniciar conflictos bélicos de magnitudes internacionales, entonces sí, compórtense como enemigos, échense la culpa de todo y entornen los ojos con mirada aviesa. Quizá los del Bilderberg les hagan caso y haya una declaración formal al respecto. Aunque no merece la pena, se lo digo yo.

Si, por lo contrario, están por la paz y el amor a tope de pagüer, aborten planes de guerra. Cuando no funcionan los fármacos, ni el helado, ni los exorcismos, la música puede ayudar. Dice que amansa a las fieras, mejorando lo presente. Al menos, a la que suscribe la pone en su sitio, que hay días que se lo merece. Eso y dos guantás bien dadas. Esos días suenan los Lemonheads, Become the Enemy:

¡Feliz Martes!

Mary Wilson

4 comentarios en “El pinchadiscos: Become the enemy.

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