Viernes: Metafísica Infantil.

Una de bautizos:

“- ¿Cómo le podría yo llamar a este oso?

– Puedes ponerle el nombre de quien te lo ha regalado…

– No le pega… ¿Podría llamarle León?

– ¿León? ¿A un oso?

– Sí, León Tolstoi. Ya sabes, el de Guerra y Paz…”

Sí, me hago cargo. Le pega muchísimo más, va usted a comparar… Muy decimonónico todo.

¡Feliz Viernes!

Mary Wilson

Confesiones de una maruja moderna: Better Call Benson Señora.

Puestos a confesar, podía haber elegido algo con un poco más de glamour, pero a una la han dibujado así, qué le vamos a hacer, y le gustan las tareas domésticas. Puntualicemos: no es su mayor pasión, no se levanta arrebatada de la vida y pasa el mocho con desenfreno ni sueña con Olimpos de ropa tendida aguardando para ser planchada. No. Eso sería un caso clínico digno de encierro entre paredes de capitoné. Pero a la madre vintage lo de la limpieza y la casa no le disgusta y lo lleva a cabo con bastante alegría. A días, también se lo digo, porque lo suyo todavía tiene remedio, pero como da la casualidad de que estas cosas, quieran que no, hay que hacerlas, cuanto más positivamente se acometan, mejor que mejor. Será la resiliencia o la locura, llámenlo x.limpiezaSin embargo, para que quede constancia de que todavía no está perdida del todo y para que no le hagan el vacío más absoluto y justificado, en su defensa y descargo ha de decir que una es vintage y a mucha honra, pero que se viene ayudando para este tipo de quehaceres con instrumentales varios que puedan hacerle la vida más fácil o le permitan encomendar su ser, su intelecto y su tiempo a otro tipo de menesteres y tareas de la misma o distinta índole. Los mínimos, también se lo digo, que no soporta tener la casa llena de “telares” ni se ha creído que es el Bancospaña. Pocos y de eficacia contrastada a lo largo del tiempo y mediante usuarios exhaustivamente seleccionados. Así, y tras un período de estudio y prueba, análisis empírico y conclusión, puede afirmar, sin temor a equivocarse y sin ningún interés crematístico o motivo promocional de por medio, simplemente por difusión mundial del descubrimiento, que Roomba is the new black.

Dicen por las redes que hay que ponerle nombre. Podría haberlo llamado Bautista o Sebastián, clásicos donde los haya para el asunto de la mayordomía, o Petra, famosa entre todas las criadas para todo. Pero si hay un asistente doméstico en casa de la madre vintage que recibe adoración y fansismo es el mayordomo ciego de Un cadáver a los postres:

Así que tenemos chico nuevo chez Mamá Vintage. Y, aunque hay que ayudarle porque ni los rincones ni los zócalos son lo suyo, las cosas como son, la labor aspirante ha quedado adjudicada a nuestro Benson Señora particular. Y lo que hemos ganado en tiempo y en salud cervical, oigan.

¡Feliz Miércoles!

Mary Wilson

El pinchadiscos: The Last of the Secret Agents.

Ya les conté aquí que la menda es espía. Agente internacional al servicio de la maternidad con licencia para reñir, para ser más exactos. En lugar de esmoquin y pistola con silenciador gasta mandil y mocho, pero cada misión tiene su atuendo, oigan. No hay pelusa ni heredera que se le resista, aunque ésta haya sido entrenada por los mejores villanos en las artes del desorden y esté haciendo méritos para convertirse en la última sucesora del Doctor NO, con una técnica mucho más depurada y moderna y múltiples avances científicos a su servicio. Sin embargo, en esta misión de alto riesgo y alcance para la humanidad, cuenta con una serie de mecanismos y poderes a su disposición que garantizan el éxito de la misma y que se resumen en el consabido y archiconocido axioma Chenoa: “cuando tú vas, yo vengo de allí.” Así no hay esbirro ni representante del maligno que triunfe. Las cosas como son.

Y luego tenemos a Nancy Sinatra, que con The Last of the Secret Agents pone banda sonora a nuestra película particular, y eso favorece a tope la claudicación y el cambio de bando de los villanos. Ni Doctor No, ni ná. Hombre ya.

¡Feliz Lunes!

Mary Wilson

Reflexiones de la madre vintage: ¿Por qué lo llaman orden cuando quieren decir psicosis?

Siempre he desconfiado de la gente que no come chocolate, de lo que se pone de moda cada temporada y de la vecina simpática de las películas de serie B de las sobremesas de los sábados. Desde que cayó en mis manos “La Magia del Orden”, Marie Kondo tampoco me ha dejado muy tranquila. Las cosas como son.

Seamos claros y sinceros: una madre vintage es de guardar, como las fiestas, por múltiples y variopintos motivos como, por ejemplo, que todo vuelve y mucho más rápido si te deshaces de ello (el conocido efecto boomerang que tiene su aplicación más notoria en las dietas de adelgazamiento), que nunca sabes cuándo necesitarás 30 metros de cinta de raso color verde lima para algo,  y otras excusas que acaban resumiéndose en “no es Diógenes, es coleccionismo.”5364290569_4f8a9156ca_oSin embargo, queridos followers de mis entretelas, ésta que lo es adolece simultáneamente de un comportamiento paradójico y/o de contrastes debido al cual la acumulación de materiales y enseres innecesarios (que vienen a ser todos aquellos que no pueden ser guardados en orden y concierto en el espacio disponible al efecto) le genera ansiedad y estrés pre y post traumático. Así que por esto de que el saber no ocupa lugar (seguro que a Marie Kondo, sí) y que a la que suscribe no le gusta opinar sin tener información de primera mano, cayó en el error de leer el libro de marras. Si se estudió los programas electorales de Clinton y Trump, esto iba a ser pan comido. Libritos a la Wilson, bah.5356192073_0847d7d764_oDice Kon Marie que para vivir feliz hay que tener orden y paz interior (hasta ahí todo perfecto) y propone que saquemos todo lo que tenemos en todos los armarios por categorías y dejemos la casa como un campamento rumano. Que yo lo haría, pero cae la casualidad de que entonces inhabilitaría el acceso a los distintos puntos de mi hogar dulce hogar e impediría la libre circulación de personas, cosa penada por la ley y susceptible de provocar varias disputas domésticas entre ascendientes y descendientes por consanguinidad y afinidad e, incluso, por vecindad. Por no hablar de que la tarea en cuestión, el sacado, seleccionado y recolocado de todos los enseres es un proceso que, amén de producir un ruido visual merecedor de un cóctel de barbitúricos, exige la solicitud de varios días de vacaciones y/o asuntos propios, salvo que seas Mary Poppins y chap chap, o que te haya tocado el euromillón y dispongas de una plantilla a tus órdenes que se dediquen a ello. Y, oigan, respetos al máximo en ese y todos los aspectos,  yo comprendo que la Kondo esté como las maracas de Machín y toda su ilusión sea dejar su casa como si la hubieran desvalijado, pero perder mis vacaciones diciendo adiós a los trapos y sacando y metiendo cosas oligofrénicamente de armarios y aparadores, a mí, paz interior, ni una gota. Por lo que sea.Igual yo soy un poquito especial y suspicaz, no les digo yo que no, pero en mi casa, de toda la vida del Señor, la gente que hablaba con objetos tenía la cabeza un poco, por decirlo suavemente, regular. Que una cosa es hablar sola (sí, qué pasa) y contestarse (sí, también, qué pasa) y otra es pedirle perdón a los calcetines. Que no sé yo por qué tengo que pedirles disculpas con la trabajera que me dan, que me paso la vida  emparejándolos, que no sé si tengo una lavadora o el plató de MHYV y First Dates a 1000 r.p.m. O sentarme a despedir a mis camisetas y vestidos, abrazándolos y agradeciéndoles los servicios prestados, como si fueran un mayordomo o un coche de sustitución. Luego dice Obelix de los romanos, pero la japonesa también tiene lo suyo. Llámenme rara, pero no lo veo.5378284369_85e7cc9570_oLlegados a este punto, y reconociendo que, no sin escepticismo (si dudó Santo Tomás, no voy a haber dudado yo que ni soy santa ni ), intenté abrazar el método (otra cosa no, pero Kon Marie es muy de abrazar cosas), y ponerlo en práctica (sin hablar a los calcetines, eh, que una loca, sí, pero controla), archivé el libro en sentido vertical, después, claro está de haber llegado a la conclusión de que la Kondo es una especie de Jack Torrance del orden doméstico. Un Max Cady en El Cabo del Miedo tras su abogado en versión El Precio de la Historia. No es que ordene, no, es que los objetos le huyen y se le esconden como rubias en las películas de terror. Claro, así también yo.

Háganse cargo de mi desasosiego y mi falta de confianza. Y otra cosa que les comento: no lo tengo empíricamente demostrado ni puedo constatarlo fehacientemente, pero estoy por asegurar que a Marie no le gusta el chocolate. Como para fiarse.

¡Feliz Miércoles!

Mary Wilson

El pinchadiscos: Je vole.

Cuando la heredera era un rollizo bebé con la cabeza llena de caracoles y todavía aquello del ego no lo tenía claro ( y su lengua de trapo demostraba que todo lo demás, tampoco), cada vez que quería hacer uso de sus habilidades e independencia, fruncía el ceño y apartándonos decía “¡tú, tú!” porque, para ella, yo era tú, como si fuera una mezcla de su nombre y la primera persona del singular. Todo junto. Desde aquellos primeros pasos, se fueron sucediendo y ampliando las parcelas de autonomía personal con más o menos éxito de puesta en práctica. Ya ustedes saben: zapatos cambiados de pie, algún plato roto, salsa de tomate en la alfombra… Pero bravo bravo, campeones, como una mayor.

Y seguimos en ese camino, queridos followers, cada día un paso más y un milímetro de distancia que separa y acerca al mismo tiempo. Señalando el camino, pero aceptando que cada uno ha de recorrerlo a su manera, eso sí, dejando piedrecitas para no olvidar nunca cómo se vuelve a casa. Aprendiendo a volar unos y a soltar el cordel otros, comme il faut, y manejando a partes iguales un puntito de nostalgia con la satisfacción del deber cumplido. Ni es sencillo ni insensible, maifréns, pero en esta tarea estamos.

Ustedes me disculparán si vengo a estas horas a empezar la semana de una manera tan intensa, pero como decía Ortega (y Gasset también lo decía), mis circunstancias viajeras y el paso por la France hacen que la banda sonora de estos días sea francófona. Y luego una, que es muy moñas, añade el resto. Será el lumbago, las hormonas o la edad, que aunque la que suscribe lo siga petando, ya saben que es y está viejuna. Si quieren saber de lo que hablo, hoy les traigo una doble recomendación, Je vole, de la BSO de La Familia Bélier. Pasen, escuchen y vean, y luego me lo cuentan:

¡Feliz lunes!

Mary Wilson