Viernes: Metafísica Infantil.

fd35d102-4069-419c-a6bf-f9fcffe539beTranscendentalismo:

“- Mamá… ¿los extraterrestres van al mismo Cielo que nosotros o tienen uno de extraterrestres para ellos solos?”

Éstas son, queridos followers, las consecuencias de ver el Canal Historia y los documentales de los partidarios de las teorías de los alienígenas ancestrales. I want to believe y toda la movida a tope.

¡Feliz Viernes!

Mary Wilson

Viernes: Metafísica Infantil.

c212df47-e301-411e-a607-646e333c714cPiropos durante una partida de cartas:

“- Julia… ¡que eres muy linda!

– Y tú barajas muy bien.”

El auténtico premio de consolación. Otra cosa no, pero el naipe lo tengo dominado. Una gurrupier, que diría Don Paco Martínez Soria, en toda regla.

¡Feliz Viernes!

Mary Wilson

Viernes: Metafísica Infantil.

Paseando por Zaragoza con actitud reflexiva:

“- En el futuro, cuando sea mayor, pienso llevar a Teruel a la gloria”

Y con esta épica manifestación, cuyo origen y motivación son desconocidos hasta la fecha en casa de la madre vintage, hemos pasado de albergar en nuestro interior al trasunto de Lord Byron a ser la reencarnación de un miembro de los Tercios de Flandes. O similar.

¡Feliz Viernes!

Mary Wilson

Palabras para Julia: La Pauta.

Mr Wilde, en una de esas sentencias que han pasado a la posteridad, y que alguno puede confundir con un axioma de Paulo Coelho si no tiene muchas referencias literarias, decía que lo mejor es ser uno mismo porque los demás puestos ya están ocupados. Quizá en la época de Don Óscar eso fuera relativamente sencillo, porque las redes (no las del Señor, las mediáticas) no habían aparecido, y ni había influencers, ni egobloggers, ni tendencias, ni lo last de lo last, ni castañas en conserva. Por no haber, no había ni excusados en las casas, victorianas, eso sí, así que como para que hubiera de lo otro. Quizá cada uno en su lugar de origen o de destino podía mantenerse mucho más aislado y ajeno a lo que hacían los demás, o no quedaba más remedio, por imposibilidad física, material y/o mediopensionista, y la esencia de las cosas y de las personas permanecía más intacta. Quizá si hubieran sabido lo que venía después, lo hubieran preferido y hubieran echado horas retuiteándose unos a otros, contestando a haters y haciéndose selfies saliendo del Trinity College y a la puerta del pub titulados “de fiesta con mis lokis”. Habría sido todo más moderno, sí, pero al mismo tiempo igual de aburrido que darse una vuelta por cualquiera de las redes sociales de moda right now.

Y no es que esta que suscribe quiera volver al siglo XIX, que una es vintage, pero con moderación y sensatez, y pensar en una época sin lavadora y otros aperos de limpieza que han traído la civilización y el progreso, le produce hiperventilaciones y necesidad de inhalaciones de Agua del Carmen. No, no es eso. Es que últimamente sólo hay… lo mismo. El mismo discurso en el cine, en los libros, en las noticias. En los pies de foto, en las tiras de humor, en las canciones. Los mismos pantalones y los mismos vestidos en la Semana de la Moda, en la pasarela, en las cuentas de las trendsetters de turno. Los mismos muebles en las cafeterías de moda. Se ríen porque son jóvenes, que dirían Tachenko, pero la amenaza de los clones ha llegado y nos ha lavado el cerebro con el fin de reducirnos a todos a la misma imagen, pensamiento y emoción que nos enseña a través de cualquiera de las pantallas que conectamos. Esto a Don Óscar no le pasaba, las cosas como son. Porque en aquella época podían vestir igual, sí, todos de negro en plan mortífago, pero todavía la excitación de la individualidad, de crear, imaginar y pensar electrizaba las mentes y, aunque a Mr Wilde no le fue muy allá eso de ser uno mismo, estuvo vivo y fue libre, y escribió todo aquello que se le puso en la punta de su pluma. Estilográfica, obviamente.

Así que mis palabras, mi pequeña padawan de la existencia vintage y moderna, son para sobrevivir en esta niebla de lo política, social y culturalmente correcto, lo que sea en cada momento la postura oficial “del régimen.” No el de la báscula, el otro. Como dijo Juan Ramón, si te dan papel pautado, escribe por el otro lado. Menos con tu madre, nena, que es influencer. De la lorza y de la vida.

¡Feliz Miércoles!

Mary Wilson

Viernes: Metafísica Infantil.

La importancia de los tiempos:

“- Mamá, no me gustan las cajeras…

– ¿Las cajeras? ¿Por qué?

– Pues porque saben todo lo que compramos… Sería mejor cajeros automáticos que lean los códigos de barras… o algo de eso.

– Uy, pero toda esa gente se quedaría sin trabajo… Además, ¿tú te crees que la cajera se acuerda dentro de una semana de lo que acabas de comprar?

– No, dentro de una semana, no. Pero lo sabe AHORA.”

Respetos al máximo a todas las cajeras y cajeros de carne y hueso del mundo.  Y besis varios desde aquí. No se lo tomen como algo personal, es que la heredera debe ser un agente del MI6 en misión especial de alto riesgo y todas las precauciones son pocas.

¡Feliz Viernes!

Mary Wilson

Leo, leo… ¿qué lees? (September books)

A final del curso pasado, porque las madres, y sobre todo las que somos más viejas que el hilo negro, medimos el tiempo en cursos, inaugurábamos a petición del respetable sección lectora chez Mamá Vintage, donde les daríamos cuenta de todos aquellos libros que nos han comido el corazón y nos han procurado horas de disfrute personal y/o insomnio nocturno, cosas que pueden ir de la mano, como los vástagos al cruzar las calles del mundo.

Con el inicio de este año escolar y el “retonno”, como dirían nuestros idolatrados Martes y 13, a la actividad de esta su casa, queridos followers, les traemos nuevas recomendaciones, en el afán de que les proporcionen tantas satisfacciones como han dejado en los ánimos de la heredera y ésta que suscribe (y que lo es).

PARA MADRES (Y PADRES!) VINTAGE:

NOTAS DE COCINA DE LEONARDO DA VINCI, de Jonathan Routh (Temas de Hoy).

Desternillante recopilación de los inventos y aventuras en las cocinas y mesas de la época de este hombre del Renacimiento.

Les gustará: si les gusta la innovación en los fogones, si tienen sentido del humor, si son fans de Leonardo o tienen interés en cómo servir venenos en banquetes.

ÚLTIMAS TARDES CON TERESA, de Juán Marsé (Lumen).

Uno de los libros de siempre que merece la pena revisitar, que combina perfectamente una prosa exquisita con la novela romántica y social en la Barcelona de la posguerra.

Les gustará: si les va el vintage, si les gustan las historias bien escritas, o si la Ciudad Condal les tiene comido el corazón por dentro.

MI PLANTA DE NARANJA LIMA, de José Mauro de Vasconcelos (Libros del Asteroide).

Ambientado en Brasil en algún momento de los años ’70, cuenta, con tintes autobiográficos, las aventuras (y desventuras, como exige la frase hecha) de Zezé, un niño de cinco años, y su relación con Miguinho, su arbolito, a quien cuenta sus sueños y sus realidades. Ojo, se llora a chorros vivos. No digan que no lo avisé.

Les gustará: si les interesan los relatos de la infancia, o son fans del naturalismo y el realismo mágico o tienen mundo interior, como Pocholo.

PARA HEREDEROS:

ANA, LA DE TEJAS VERDES, de Lucy Maud Montgomery (El Toro Mítico).

Los clásicos juveniles son un must en casa de la madre vintage y este no podía ser menos. Cuenta la historia de una niña huérfana que llega a Tejas Verdes y cómo comienza a sentir y descubrir un mundo nuevo para ella. Una historia maravillosa y pedagógica, llena de ternura y sensibilidad .

Les gustará: si les gustan las palabras rimbombantes y las historias románticas, si son fans de las historias de principios del siglo XX , o tienen la imaginación a tope de pagüer.

EL PEQUEÑO NICOLÁS, de René Goscinny (Santillana).

¿Quién no conoce a Nicolás a estas alturas de la vida y de la literatura?No me refiero al español, queridos followers, sino al clásico francés. Un libro de historias divertidísimo sobre la infancia del protagonista, sus amigos y travesuras, siempre con ese toque de humor blanco tan delicioso que tienen los galos.

Les gustará: no conozco a nadie que no disfrute las aventuras de Nicolás, sea heredero o adulto. Y tiene unos puñetazos bárbaros para pasarlo fenómeno.

CHARLIE Y LA FÁBRICA DE CHOCOLATE, de Roald Dahl (Alfaguara).

Que en esta casa somos fans del autor no es noticia y este es uno de los títulos hiperrecomendables. La capacidad imaginativa, la deliciosa prosa y el humor son ingredientes habituales en Dahl que se suman a la historia delirante de la fábrica de dulces de Willy Wonka y cómo Charlie Bucket consigue visitarla.

Les gustará: si creen en la magia y los sueños, o si les gustan los caramelos a niveles oligofrénicos.

Y hasta aquí podemos (y debemos) leer. Stay tunned, que en sucesivas entregas les traeremos más propuestas lectoras. Y, si tienen a bien dejarnos las suyas en comentarios, les estaríamos eternamente agradecidos. O cualquier otra recomendación, que también será bienvenida y procesada convenientemente. De lo contrario corren ustedes el riesgo de que la madre vintage venga a hablar de su libro, y ya saben como acaba eso. Con gafotas de Paco Umbral.

¡Feliz Miércoles!

Mary Wilson